La pérdida de audición en la tercera edad es mucho más que un simple problema físico; es una barrera invisible que aísla progresivamente a nuestros mayores. Ver cómo un padre o un abuelo se desconecta de las conversaciones familiares durante una comida genera una profunda tristeza. Según advierte la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) sobre el deterioro cognitivo, la hipoacusia no tratada en adultos mayores es uno de los principales factores de riesgo que acelera la demencia y reduce la agilidad mental. El aislamiento acústico, sencillamente, apaga el cerebro.











