Durante las primeras 20 semanas de vida, el feto no tiene ningún contacto con el mundo externo a partir del sonido, de hecho no escucha nada. Una masa de células epiteliales mantienen cerrado el extremo medial del conducto auditivo externo, localizado en el conducto auditivo externo, cuya función es transmitir los sonidos captados por el oído al tímpano.

En este período se desarrolla el oído interno del bebé. Más o menos a la mitad de la gestación, a los 4 meses y medio, el oído interno alcanza su tamaño adulto, siendo el único órgano sensorial totalmente desarrollado en esta etapa de la gestación. Para que la formación del oído sea completa, solamente faltará la osificación que ocurre cuando la membrana timpánica es expuesta al líquido amniótico.

Que el feto no escuche con el oído durante esta etapa del embarazo no significa que sea completamente insensible a los sonidos. De hecho, se encuentra en un medio muy sonoro por naturaleza: los latido del corazón de la madre, el ritmo del flujo sanguíneo y otros sonidos típicos del intestino materno. Algunas teorías intentan explicar esta sensibilidad al sonido a partir de estudios que afirman que la piel del feto actúa como una extensión del órgano auditivo durante el período de gestación.

A partir de la 21ª semana de embarazo, el sistema auditivo del feto ya está lo suficientemente desarrollado y empieza a recibir estímulos sonoros externos. Sin embargo, los huesecillos del oído: martillo , yunque y estribo se encuentran envueltos en un líquido denso llamado mesénquima y es a partir de la 34º semana cuando los mismos comienzan a estar en activo, pero sólo ejercerán su función completa después del nacimiento ya que la entrada de aire en el oído medio hace que la cavidad timpánica se expanda.

El feto y su relación con los sonidos externos

Los estímulos sonoros recibidos por el feto son varios. Entre ellos, la pulsación rítmica de la frecuencia cardiaca, la circulación de la sangre que pasa alrededor del útero, los sonidos producidos por el estómago y el intestino, las articulaciones del esqueleto y los pasos de su madre. Pero entre todos los sonidos que el feto puede oír, el que más destaca es el sonido de la voz materna. Cuando la madre habla, el sonido de su voz se oye más fácilmente que cualquier otro estímulo sonoros percibido.

De todos modos, se recomienda evitar los ambientes muy ruidosos durante los últimos meses de embarazo ya que exponer al bebé a un ruido excesivo y continuado puede afectar su audición.

Por otra parte, también es posible afirmar que después del nacimiento, el bebé recuerda los estímulos sonoros percibidos durante la gestación, por eso es importante que la madre se relacione verbalmente con su hijo durante el embarazo.